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El pueblo siempre vuelve ( Nota de opinión)

A 70 años de la revolución fusiladora

El pueblo siempre vuelve ( Nota de opinión)

A 70 años de la revolución fusiladora

 

Por Martina Lorenzutti

 

Era un mediodía nublado y frio del jueves 16 de junio de 1955, en la Plaza de Mayo con personas que iban y venían en una jornada de trabajo común y corriente. Un micro escolar repleto de niños estaba estacionado frente a la Catedral Metropolitana y a punto de arrancar tras finalizar la salida educativa. De pronto a las 12.40 rugido de aviones que aparecieron de la nada por detrás de las nubes al principio y visibilizados inmediatamente después por su vuelo bajo. Comenzó el bombardeo y ráfagas de metralla que en diferentes oleadas finalizaron al caer la tarde, exactamente cinco horas después. Se arrojaron más de cien bombas sobre la población civil, el edificio de la CGT, el Ministerio de Obras Públicas, el Ministerio de Economía, la residencia del presidente Juan Domingo Perón, el edificio central de la policía y por supuesto la sede del gobierno, la Casa Rosada. El saldo fue más de trescientos muertos, y alrededor de mil doscientos heridos y mutilados. El objetivo a cumplir: Matar a Perón. No lo lograron, pero sí pudieron derrocarlo tres meses después, el 16 de septiembre en lo que denominaron como la “Revolución Libertadora”.

Setenta años se cumplen de este sangriento hecho por estos días. El bombardeo del 55 fue totalmente borrado de los textos escolares y muchos crecimos prácticamente sin saber nada de él. Pero la historia es persistente en marcar su presencia y durante la llamada Década Ganada se desempolvó lo que no podía seguir oculto. Se realizaron en escuelas secundarias a lo largo y ancho de nuestro país encuentros con fotos y textos que describen la masacre. Estudiantes por primera vez supieron de la barbarie perpetrada contra un gobierno constitucional. La gran ironía fue que esos aviones los había comprado el mismísimo General Perón para modernizar la aeronáutica. Los sectores golpistas antiperonistas y católicos fervientes escribieron la leyenda Cristo Vence en sus fuselajes. Una V corta con una cruz encima. Esta sigla, la V corta, pero con la P de Perón fue tomada en los setenta a modo de grafitis anónimos en paredes.

Estamos en épocas de resistencia, en estado permanente de alerta y movilización. No pudieron con el peronismo en aquellos tiempos y no podrán ahora borrarlo de la faz de la tierra, como pretende la ultra derecha camuflada tras la palabra Libertad. Una derecha que permeabilizó a una gran masa de la población desencantada y con la esperanza de algo nuevo. Nada nuevo bajo el sol. Se repiten las viejas estructuras de entonces detrás de figuras como Aramburu y Rojas, hasta la actualidad con la manufactura de un mesías que responde al capitalismo salvaje. Ya no se necesitan golpes de estado y dictaduras para el entreguismo económico que desangra a las capas sociales quitándoles derechos, salud, educación y condenándolos al hambre y la miseria. La proscripción de la mano de la justicia entregada al poder es la herramienta utilizada.

El peronismo unido y organizado no se resigna a desaparecer, se refunda una y mil veces ante los ojos atónitos de los medios hegemónicos de comunicación y de quienes se atormentan ante el amor del pueblo hacia una líder que les dio todo: salud gratuita de calidad, escuelas y universidades para capacitarse, trabajos estables, viviendas dignas, la posibilidad de recreación a través de la cultura popular y ciencia e investigación para llevar a la Argentina a niveles de excelencia. Tal como lo hizo Perón durante sus dos gobiernos, de la década del 40 y parte de la del 50: sueldos dignos, vacaciones pagas, aguinaldos, indemnizaciones justas ante despidos arbitrarios, la posibilidad de comprar un terreno y edificar una casa para formar una familia, y una industria nacional en desarrollo que permitía expandir la capacidad laboral tanto de hombres como de mujeres.

Tanto hoy como antaño todo eso no se olvida de un plumazo. Las esperanzas puestas sobre un gobierno que no prometió absolutamente nada sino desmembrar y descuartizar con una motosierra cada uno de los derechos adquiridos y dar de baja leyes que costaron mucho promulgar. Hasta ahora las cosas salieron a medida de sus pretensiones, mediante carpetazos, aprietes y porque no decirlo, dádivas en el congreso. Lo que aparentemente pareciera ser un acierto, puede ser un traspié, el de encarcelar a la principal figura opositora se les puede volver en contra. Lo que no está en sus cálculos es que el pueblo siempre vuelve.

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